22 de septiembre de 2011

Capitulo 1

RECUERDOS


Tengo ya diecisiete años y voy camino de los dieciocho, supongo que ahora puedo ser mas objetiva al pensar en mis recuerdos. La mayoría de las personas por no decir todas, tienen muchos recuerdos de sus vidas, ya sean buenos o malos, alegres o dolorosos pero a fin de cuentas millones de ellos, yo no puedo decir lo mismo ya que aunque debería tener una existencia llena de bellos recuerdos, de mi infancia, mi niñez o incluso de mi adolescencia, no era así. Si miro atrás en los pocos recuerdos que tengo puedo ver aunque algo borroso Spruce Grove la ciudad en el que vivíamos, con sus maravillosos bosques repletos de claros en los cuales por las noches podías contemplar el cielo estrellado, también los hermosos jardines naturales que se habían formado a lo largo del tiempo donde pase la mayoría de mis ratos libres disfrutando de la felicidad absurda que me proporcionaba la soledad.
El colegio era más bien grande, aunque no había muchos alumnos, éramos unos quinientos alumnos contando los de jardín de infancia hasta los de cuarto curso, mi clase era de las mas grandes, las paredes eran de color amarillo oscuro, la pizarra al fondo, en su tono verde oscuro, aun lado de esta, la mesa del profesor y al otro un fino equipo de audio y video, los pupitres eran amplios y de color verde claro, yo solía sentarme en la ultima fila junto al gran ventanal blanco que daba al patio de recreo, desde ahí observaba a diario a los niños jugar, esos con los que yo nunca me relacionaba, yo siempre mantenía la mayor parte de mi atención en las explicaciones de los profesores, pero de vez en cuando dejaba mi mente volar a través de la imaginación donde me perdía entre miles de fantasías.
Nunca fui una alumna de matricula, ni destacaba en ninguna asignatura, me limitaba a estudiar lo que me mandaban en clase, no había ninguna materia que me resultara difícil, a decir verdad eran todas bastante fáciles para mí pero yo nunca sobresalía en estas ya que a diario veía como mis “compañeros” trataban mal a los mas aventajados, se burlaban continuamente de ellos llamándolos cerebritos, lumbreras, empollones y toda clase de insultos, así que decidí llevar una nota media, nunca por encima del notable ni por debajo del bien.
Acabe el colegio con buenas notas y la aprobación de todos mis profesores, el director Patterson escogió el día de fin de curso para hablar conmigo por vez primera y yo no salía de mi asombro al escuchar sus palabras, se sitúo a mi lado con las manos a la espalda y la mirada sin rumbo.
- Me enorgullece poder decirte que eres una alumna intachable, tus notas y tu comportamiento son impecables, podrás llegar tan lejos como desees en la vida y se que elegirás el camino correcto, realmente me siento muy orgulloso de ti.
Me sonrío y palmeo mi hombro mientras yo le miraba con cara de asombro.
- Gracias… -fue cuanto pude decir.                          
- De nada Katherina, -hizo una pausa e inhalo una gran cantidad de aire, después se volvió hacia mi y clavo sus ojos en los míos- Recuerda esto siempre pequeña, la vida es tan complicada como la hagamos nosotros mismos.
Se dio la vuelta y se marcho al concluir su frase, yo me quede ahí clavada en el césped pensando en sus palabras, alguien se sentía orgulloso de mi, era extraño pero eso me hacia sentir una gran satisfacción en mi interior, también recuerdo que aquel día estaba completamente sola mientras recogía las notas ya que Sarah no había venido a verme pero eso ya me daba igual, volví a pensar en las palabras del señor Patterson, talvez él se hubiese confundido de persona ya que yo no infundía sentimiento alguno en nadie y mucho menos orgullo pero si yo no era nada, no le di mas vueltas y me marche a casa.
El colegio termino y ya estaba matriculada en el instituto, pase todo el verano en casa sola como de costumbre, ya que Sarah trabajaba la mayor parte de los días y los que no lo hacia no aparecía por aquí, me dejaba una nota en la mesa de la cocina que siempre ponía lo mismo.
“Ni se te ocurra quedarte despierta esperándome, ya volveré mañana”.
En esos días yo aprovechaba para hacer pequeñas excursiones por el bosque, allí a la sombra de sus ramas me recostaba en su tálamo y me quedaba contemplando el cielo que se mostraba claro y despejado, pensaba en cuanto se me ocurría acerca de mi vida.
Aunque era pequeña en edad sabia de sobra que mi mente iba diez años por delante, me preguntaba si seria una persona carente de sentimientos, ya que aunque mi vida no era un lecho de rosas, nada me afectaba o hacia daño. Entonces repetía las palabras del señor Patterson “la vida es tan complicada como la hagamos nosotros mismos”, talvez él tenía razón y lo que me pasaba es que no me quería complicar la existencia.
Pase así todo el verano, variando mis excursiones con repaso de los libros y aprendiendo cuanto podía por mi cuenta. Cada día era mi reto personal, no dejaba que nada me hundiese. Los largos días de verano fueron una agradable rutina a seguir. Excursiones por las mañanas, lectura por las tardes y sueños de una vida futura la cual sabía que algún día tendría.
Cuando me levantaba y veía la nota sobre la mesa de la cocina sabia que ella no pasaría por casa hasta el día siguiente, como nunca pasábamos tiempo juntas esto tampoco me afectaba, era como una rutina ella hacia su vida y yo la mía.
Pocos días antes de empezar el instituto, al levantarme me quede atónita al ver sobre la mesa de la cocina los libros y el nuevo material para empezar las clases, junto a ellos estaba la lista que meses atrás le había dado a Sarah lo que trajo a mi mente sus palabras de entonces.
- Perfecto –bufo- Mas gastos, no te basta con tenerme atada a ti, darte de comer y vestirte, si no que ahora me vas a hacer gastar dinero en tonterías de estas.
En aquel momento yo no dije nada, la verdad es que aunque protestaba siempre me compraba los libros para el colegio, así que yo sabia que tendría que aguantar su rabieta para conseguirlos y ahora podía verlos allí mismo. Eso me agrado inmensamente ya que conseguiría seguir estudiando, lo cual era mi único aliciente para seguir adelante en esos momentos. Sobre ellos pude ver una nota de Sarah.
“Mas te vale utilizarlos bien o te sacare del instituto y te pondré a trabajar en lo que sea, te lo juro niñita”.
Yo intuía que intentaba intimidarme y sabia que lo decía en serio, pero me daba igual, ya que era muy buena estudiante aun cuando no me hiciera de notar.
Al empezar el instituto todo era caótico. El nuevo centro era mucho más grande que mi antiguo colegio, de hecho tenia varias alas distintas donde se impartían determinadas asignaturas, por ejemplo: en el ala norte estaban las aulas de matemáticas, física y biología, en el ala sur las de lenguaje y literatura, el ala este era la de la biblioteca, esta era mi favorita y la visitaba casi a diario y en el ala oeste se impartía historia universal y geografía.
A los pocos días del comienzo de las clases decidí hacerme un pequeño plano con las rutas de las aulas, de mi taquilla, del gimnasio y de la cafetería. pasados dos meses del comienzo, yo ya dominaba todos los temarios de las distintas asignaturas, tenia mi media de notable y volvía a pasar desapercibida para todos incluyendo el alumnado y casi todo el profesorado, él único que se percataba de mi presencia era el profesor de literatura, el señor Díaz, claramente podía ver que no era del país, su acento le delataba al igual que sus rasgos físicos y el tono oscuro de su piel, él también impartía clases extraescolares de español y literatura universal y dado que yo poseía intelecto de sobra para ambas no dude en apuntarme a ellas, este parecía estar encantado de tenerme en sus clases ya que podía discutir conmigo sobre poemas, textos literarios y todo cuanto se le ocurriese, le chocaba que con mi corta edad yo fuese tan aventajada en temas que para el resto de estudiantes eran totalmente desconocidos.
Continúe con mis clases y sobre llevaba el día a día bastante bien, me daba cuenta de las insignificancias del pueblo, como que era muy extraño ver un atasco de trafico ya que por las calles circulaban pocos coches, la gente mas cercana se conocían muy bien entre ellos, pero los demás éramos mas bien extraños usurpando su pedacito de tierra, por lo que el contacto era el mínimo, un hola, buenos días era lo máximo que conseguías sacarles, me hace gracia pensar en ello ya que nunca me había fijado en esos detalles tan triviales antes y ahora los recuerdo con cariño aunque estén algo borrosos en mi mente, también recuerdo nuestra casa, era muy antigua y bastante abandonada, mis padres la habían comprado a muy buen precio, mas bien era una ganga ya que claro viendo el aspecto que tenia ¿quien la iba a querer? prácticamente se caía a pedazos, pero era lo único que teníamos y lo máximo a lo que podíamos aspirar, otro recuerdo que tengo aunque mucho mas borroso es de cuando yo tendría unos cinco años y mi padre estaba en la puerta de la casa con una gran maleta a su lado, yo estaba en lo alto de las escaleras cuando él le dijo a mi madre que todo había acabado, que no podía seguir ni un minuto mas junto a nosotras, que esa no era su vida y que se iba a recuperar lo poco que le quedaba de ella, a mi madre le dio un ataque de ansiedad y le suplicaba que no se marchara entre lagrimas y gritos, fue muy triste pero no me afecto mucho aunque no se porque, desde entonces la relación con mi madre era una misión casi imposible, nunca hablaba conmigo ni se comportaba como una madre, era distante, lo único que hacia era trabajar y luego cuando llegaba a casa se encerraba en su cuarto hasta que me mandaba a prepararme algo para cenar y después se volvía a encerrar, por las noches cuando yo me acostaba a dormir, ella cogía el coche y se marchaba al pueblo más tarde me despertaba en mitad de la madrugada a causa del ruido del coche cuando ella volvía, casi siempre muy borracha, entraba dando un portazo y empezaba a soltar un insulto tras otro hasta que se dormía y por las mañanas cuando me levantaba ella ya se había marchado al trabajo, por lo que me preparaba el desayuno y me iba al colegio sola, así un día tras otro, otro vago recuerdo que tengo es de aquel cumpleaños del que nadie se acordó, seria mi séptimo cumpleaños y el ultimo ya que solo yo llevaba la cuenta de ellos, puesto que mi madre se limitaba a ignorarme completamente, fueron pasando los años y aprendí a hacer las tareas de la casa, la comida y me limitaba a estudiar,  lo único que me alentaba era leer y estudiar cosa que me encantaba, hacia todo lo posible por conseguir libros que dejasen volar mi mente, cuando Sarah me daba dinero para comprar comida yo me guardaba algo y cuando tenia suficiente me compraba un libro, el primero que leí fue de Shakespeare, se titulaba sueño de una noche de verano, me encantaba leerlo, y su autor era admirable para mi, así que poco a poco conseguí hacerme con la colección de este, la cual escondía bajo mi cama para que nadie la encontrara, también tenia aquel recuerdo de años después en el que tras una pelea con Sarah, mi madre, soltara esas palabras que aun taladraban mis oídos y rasgaban la fina capa que cubría mi corazón, pero que no llegaban a dañarlo del todo, solo le hacían una diminuta fisura.
- Te odio, tanto que nunca llegaras a imaginar cuanto, cada día de tu existencia me recuerdas que he perdido la mía propia por tu culpa, que perdí todo cuanto poseía, a tu padre, a mi familia y mi felicidad, ¡TODO!, por permitir que tú vinieses a este mundo, si pudiese dar marcha atrás ¡NUNCA! hubieses nacido.
Y esto último lo dijo como escupiéndolo, haciendo especial énfasis en la palabra nunca, en aquel momento no supe como reaccionar, ni que decir, mi cuerpo y mi mente se quedaron petrificados, aunque logre balbucear algo.
- Ma….mm…mam… -pero ella me interrumpió y acto seguido dijo.
- Sarah, para ti soy Sarah ya que nunca te he considerado una parte de mi y mucho menos una hija… -lo dijo con un tono muy despectivo como el que se usa cuando hablas con un extraño, además su rostro tenia una expresión furiosa que consiguió intimidarme.
Se dio la vuelta y se marcho mascullando entre dientes inteligibles insultos a los cuales no preste mayor atención ya que sabia lo que quería decir con todo esto, mi padre la había abandonado y su familia había renegado de ella cuando les dio la noticia de su embarazo, ellos no querían a mi padre ni consentían su relación, así que le dieron a elegir entre ellos o nosotros y Sarah nos eligió a nosotros, perdiendo con esta decisión a su familia.
Supongo que este recuerdo debería ser algo mortificante y en parte lo era, pero no lo suficiente como para distraer mi atención de aquello a lo que mas temía, a ese hombre que merodeaba en mis sueños dándome caza cada vez que mi cuerpo se rendía y me quedaba dormida, casi siempre después de dos o tres días intentando mantenerme despierta, entonces cuando abría los ojos allí estaba él esperando para acabar conmigo, como él mismo me había hecho saber tiempo atrás, recuerdo la primera vez que le vi, acababa de cumplir los dieciséis años y era un día como otro en mi vida, Sarah se había marchado como decía ella, para olvidar durante unas horas que yo estaba con vida, pero aquel comentario ya no me hacia daño alguno así que cene algo de pizza que quedaba en el frigorífico, me cepille los dientes y me puse el pijama, después fui directa a mi cuarto y me acurruque como solía hacer en mi cama, la cual era bastante dura pero con el tiempo me había acostumbrado a ella y a todo cuanto me rodeaba, deje de pensar y concilie el sueño, es raro pero lo recuerdo con mucha claridad, de pronto abrí los ojos y me encontraba en un claro de un bosque que nunca antes había visto, me percate de la brisa fría que corría la cual me produjo un escalofrió y de que era una noche muy oscura, ¿pero como podía percibir eso en un sueño? empecé a caminar hacia el bosque con cautela pero consumida por la curiosidad, a mitad del camino  y de repente apareció como de la nada un hombre moreno y alto de complexión fuerte y de tez no muy clara, sus ojos eran de un marrón oscuro casi negro y muy penetrantes, tenia las facciones duras a la vez que parecía calido y suave, vestía un traje negro con capa, parecía ropa de época pero no sabría decir de cual, no me di cuenta hasta que avanzo unos pasos hacia mi de que empuñaba una espada muy robusta y en ese instante un escalofrío recorrió mi cuerpo poniéndome los pelos de punta, se fue acercando a mi mientras hablaba y esas palabras fueron lo que mas me asusto.
- Llevo mucho tiempo esperándote, esperando para acabar contigo…-dijo con un aire despreocupado pero al mismo tiempo con una nota de rabia que se reflejaba en su rostro.
- A...mi… -logre balbucear entre dientes mientras temblaba de miedo.
- Si a ti, oh queridísima guerrera. –este enarco una ceja y parecía estarse burlando de mí, ya que su tono era sarcástico.
- ¿Po… por que?  -conseguí decir mientras temblaba.
- Jajá -se echo a reír, lo cual me dio mas que miedo pánico, quería salir corriendo pero mis piernas no se movían, mi cuerpo entero estaba en estado de shock- Porque ha llegado tu hora, es hora de que mueras.
- Pero ¿Quién eres tú? Y ¿Por qué haces esto? –le pregunte susurrando con los ojos llenos de lagrimas y con gran angustia.
- Soy Mauser el exterminador y hago esto por que es mi cometido.
-¿Tu cometido? -le pregunte horrorizada.
- Por decirlo de otra forma mi misión, la cual se limita a una simple orden, acabar contigo –él parecía muy seguro de sus palabras y eso me desconcertaba.
Al oír esto me estremecí y mi cuerpo se arqueo de forma que mis piernas se doblaron y caí al suelo de rodillas, no podía moverme ni pensar con claridad y él aun venia hacia mi despacio pero con paso firme, empecé a sollozar y a decirme a mi misma Katherina despierta es un sueño, vamos Katherina despierta, esto no es real, despierta Katherina, alce la vista un segundo y ahí estaba frente a mi con su mirada penetrando mi mente y su espada lista para clavarse en mi corazón, dí un grito, mas bien un alarido el cual era mi nombre, estaba gritando mi nombre y de repente desperté entre gritos y lagrimas con la frente empapada en sudor y temblando, me senté en la cama sujetándome las rodillas y meciéndome adelante y atrás intentando calmarme pero no lo conseguía, si Sarah estaba en casa no iba a venir a tranquilizarme como hacen las madres, estaba sola con mi angustia, con mi miedo y esa oleada de dolor que me recorría en ese instante.
Ese recuerdo me hizo estremecerme, siempre intentaba no pensar en ello pero la verdad es que era muy difícil ya que después de intentar mantenerme despierta durante dos o tres días al final mi cuerpo se rendía y me volvía a dormir y cada vez que esto ocurría él estaba allí en aquel claro, esperándome. Después de esa primera vez le han sucedido muchas y mis intentos por descifrar aquello han sido en vano, no comprendo el porque de esto, ni el echo de que mi sueño no lo parezca desde dentro, puesto que cuando me duermo es como si despertara a otra vida, una existencia lúgubre y que por lo que he podido comprobar muy poco duradera.
Después de empezar a tener esas pesadillas mi comportamiento era mucho mas retraído de lo normal en mi, empecé a disminuir la participación en las actividades extraescolares, aunque mi rendimiento académico no mermo, pero mis clases complementarias si que se resintieron ya que nunca estaba al cien por cien y la atención que ponía en ellas era minima al no poder descansar como correspondía, tiempo después parecía ser mas un espectro que una persona de verdad, recuerdo el día que el señor Díaz me cito en su despacho para hablar conmigo de mi negativo estado.
- Katherina, me preocupa mucho tu estado anímico, antes parecías más entusiasmada en mis clases extraescolares, tu comportamiento era muy distinto aquí que en el resto de las clases, aunque he podido comprobar que tus notas y tu rendimiento no se han visto afectado por tu nuevo estado de ánimo no puedo decir lo mismo de mis asignaturas y clases extraescolares –apuntó este con preocupación, parecía que le afectase a él mas que a mi esta situación.
- No se a que se refiere –entoné con intranquilidad, él se puso delante de la ventana de su despacho mirando al vacío y continuo.
- Ayer al corregir el relato libre que os puse como trabajo libre en clase, pude apreciar en el cierto matiz de temor en tus palabras…-le interrumpí más nerviosa aun que antes.
- No se porque dice algo así, a mi parecer el relato estaba correctamente escrito y no creo que tuviese ningún error gramatical.
- En eso tengo que darte la razón, el texto es sobresaliente pero…bueno en el describiste unos sentimientos bastante sobrecogedores a la vez que perturbadores.
Me puse muy nerviosa ante sus sospechas, me temblaban las manos y apreté los labios al pensar que él tenia razón ya que la noche anterior había tenido esa pesadilla, lo cual me había afectado bastante la capacidad de atención, ese día me costo mucho seguir el ritmo de las clases, durante la suya estaba exhausta, intente escribir algo pero mi mente no pudo hacer mucho, no podía pensar con claridad ya que lo único que tenia en la cabeza era mi pesadilla, así que me dedique a plasmarla en los folios, lo que nunca podía llegar a imaginar era que el Sr. Díaz se diese cuenta de mi tormento.
- No se a que se refiere, mi relato era totalmente ficticio y sin error alguno así que…-dije de forma displicente intentando restarle importancia a su evaluación.
- Ya, ya lo se –me interrumpió de forma abrupta- Solo digo que tu forma de expresarlo es mas parecido a un intento por sacarlo de tu mente, es como si quisieras olvidarlo, a esto debemos sumarle el echo de que te has convertido en algo parecido a un espectro solo que mas mecánico, haces solo lo que se te pide, respondes cuando se te pregunta y ya esta, nunca te veo iniciar una conversación o participar en mis clases como antaño, ya no haces nada por ti misma, tampoco pasas por la biblioteca, o por el comedor, no hablas con tus compañeros aunque bueno ese no es un buen ejemplo ya que nunca te relacionas con nadie y parece que anduvieses arrastrando el alma o más bien ella te arrastra a ti, no se talvez… ¿va todo bien en casa?, a lo mejor debería hablar con tus padres.
- No, por favor –dije con urgencia- Eso no será necesario, de verdad.-apreté los labios mientras ideaba una mentira convincente, ya que si él llamaba a Sarah por mi culpa esta la iba a tomar aun mas conmigo y seria mucho peor- Las cosas en casa van como de costumbre, no tengo ningún tipo de problema allí.
-¿Y aquí?, talvez el problema este aquí.
- No, tampoco aquí, es solo que últimamente me cuesta mucho trabajo conciliar el sueño –él frunció el ceño y me apresure a darle una explicación convincente- Pero mi madre me ha llevado al medico y este dice que puede ser un trastorno del sueño debido a las hormonas y el crecimiento, pero es algo pasajero, dice que no hay porque preocuparse, me ha recomendado tomar infusiones de valeriana para poder dormir, así que usted no debe preocuparse innecesariamente ¿de acuerdo? –le explique.
Compuse una mascara de serenidad, para que mi mentira fuera lo mas creíble, al contemplar su semblante vi en el reflejada la victoria de mi engaño, él se mostraba tranquilo y relajado, empezaba a respirar con serenidad mientras yo veía como mi farsa era una realidad para él.
- De acuerdo entonces, esperare un tiempo hasta que recuperes el equilibrio en tu vida, estoy ansioso por recuperar a mi alumna estrella.
- Eso me parece estupendo, ¿puedo irme ya?
- Si…pero Katherina te suplico que si tienes cualquier problema y necesitas hablar de ello no dudes en acudir a mi, no quiero que me veas solo como un profesor, también puedo ser un apoyo y un amigo.
- Si, claro así lo hare no se preocupe por mi. -volví a mentir, ya que sabía perfectamente que nunca acudiría a él para contarle mis problemas.
- Bien, entonces puedes marcharte.
- Hasta luego Sr. Díaz
Salí del despacho corriendo en dirección al lavabo, me moje la cara y el cuello en un intento de avivarme para entrar en la siguiente clase ya que no quería repetir mi discurso ante nadie mas pero logre muy poco, ese era mi tercer día despierta.
Después de esto mis días en el instituto eran normales, no llamaba la atención de nadie y nadie se preocupaba por mi, tiempo después llego aquel día en el que Sarah me llamo y me dio la gran noticia, yo tenia dieciséis años pero una mentalidad de unos treinta, tanto en lógica como en madurez intelectual y sabia a que atenerme con ella, era aquello que yo llevaba tiempo temiendo, pero que sabía que llegaría.
- Katherina –grito.
Al escucharla baje corriendo ya que era muy raro que me llamara por mi nombre, normalmente me decía tú o niñita con voz despreciativa.
-Si mam…digo Sarah. -me corregí a tiempo aunque logre ver un atisbo de rabia en su rostro.
- Me marcho -expresó con decisión- Me voy muy lejos y para siempre, no puedo soportar ni un minuto más esta vida. -especifico con un tono de indiferencia.
Yo no supe que decir así que me limite a asentir ya que no era una novedad, yo lo espera porque ella repetía a diario eso de, en cualquier momento agarro mis maletas y me largo. Me miro a los ojos y en los suyos pude ver que sus palabras la hacían feliz pero ¿como podía ser? no es que yo fuera una hija modelo pero hacia lo que podía, iba al instituto, sacaba buenas notas, hacia todas las tareas de la casa, incluido la comida, no salía nunca ya que tampoco tenia amigos por mi carácter introvertido, lo cierto es que no me relacionaba con nadie y pasaba desapercibida para todo el mundo incluyendo profesores y vecinos, nunca hacia nada para molestarla así que ¿por que era tan malo vivir conmigo? y ¿porque ella estaba tan contenta de irse?
- En el cajón de la cocina he dejado dinero para que vivas lo suficiente hasta que puedas encontrar un trabajo o algo así, adiós.
Se dio la vuelta y se marcho cerrando de un portazo, cuando se fue me acerque al cajón de la cocina que se atascaba debido a los años que esta tenia, debían de ser cerca de cuarenta años mas los que llevábamos en ella, eran muchos desde luego no se como seguía en pie, tire del cajón hasta que conseguí abrirlo, dentro había un sobre blanco lo cogí y entonces me percate de que mis manos temblaban y de que de mis ojos caían grandes lagrimas, hice caso omiso de eso y abrí el sobre, vi el dinero y me limité a contarlo en total habían seis mil dólares, cerré los ojos y me centre en pensar cuanto me duraría el dinero y que iba a hacer cuando se me acabase, talvez podía buscar un trabajo a media jornada ¿pero quien contrataría a una menor de edad? En este pueblo seguro que nadie, tal vez si me marchaba a la ciudad tendría alguna posibilidad pero claro no podía dejar mis estudios a medio terminar, un millón de ideas bombardearon mi cerebro y no podía pensar con claridad así que me puse a limpiar, me hubiese gustado ver la televisión pero era muy difícil dado que no teníamos, mi madre, bueno Sarah siempre decía que no necesitábamos ese trasto en casa ya que esa caja tonta solo me volvería mas estupida y que para estar perdiendo el tiempo en ver la tele, podría hacer cosas de mas provecho como limpiar la casa o hacer la colada y tampoco estaba para concentrarme en leer, así que solo me quedaba limpiar.
Con el paso del tiempo y los cambios acometidos en mi vida, mi carácter se endureció aún mas y mi estado de animo fue empeorando, por no hablar de mi extremado cansancio debido a la falta constante de sueño gracias a mis pesadillas, el rendimiento en el instituto era mínimo, daba gracias al echo de que me sabia de sobra los temarios que se impartían a lo largo del ultimo curso, también note como poco a poco empecé a ser invisible para todo el profesorado incluyendo al señor Díaz que cada vez me prestaba menos atención y  su curiosidad por mi estado de animo al final desapareció entonces me di cuenta de que en su mente yo no era mas que otra alumna mediocre de su clase.
También tengo muy claro cuales son los recuerdos de los cuales carezco, algunos tan simples como puede ser una sonrisa o un beso de cariño, un abrazo o incluso el sonido de mi nombre entonado con afecto, cosas tan simples y a la vez tan necesarias en la vida, no había oído a Sarah elogiarme por algo nunca y bueno de mi padre no me acuerdo en absoluto, hacia demasiado tiempo que este nos había abandonado.
Aunque, bueno con el paso de los años aprendes a vivir con ciertas carencias afectivas, en alguna ocasión cuando estaba en mi cuarto repetía mi nombre en voz alta para recordar su sonido, para no olvidarlo.
Lo siguiente que recuerdo es mas claro porque es reciente ya que de esto han pasado ahora tres meses, quien me iba a decir a mi que no era tan invisible como yo pensaba, resulta que para mi vecina la señora Stuart  yo existía, ella se había dado cuenta de lo ocurrido y se había percatado de que yo llevaba mas de dos meses sola en casa, saliendo únicamente al instituto, ya que por lo general el supermercado me pillaba de paso y compraba lo que necesitaba al terminar las clases y de que cada dos o tres noches yo pegaba alaridos incesantes desde mi habitación por culpa de mis contantes pesadillas o pesadilla mejor dicho, ya que siempre era la misma en el mismo sitio y con el mismo asesino, así que fue ella misma quien llamo a asuntos sociales para que vinieran a por mi, en mis sueños nunca había nada mas que no fuese él y sus palabras y en mi vida solo había soledad y un gran vacío, es algo estremecedor a lo cual me he acostumbrado.
Ese día también lo recuerdo con cierta facilidad, recuerdo que esa noche había tenido mi “sueño”, así que me desperté mas pronto de lo habitual siendo sábado, serian alrededor de las siete, cuando llamaron a la puerta, se me hizo extraño pero aun así corrí a abrir, una parte en mi, albergaba la diminuta esperanza de que fuese ella, de que Sarah hubiese vuelto a casa pero no fue así, en la entrada habían dos personas un hombre no muy alto y de pelo castaño que parecía un poco nervioso y a su lado una mujer de complexión fuerte y pelo negro azabache igual al mío pero con una gran seguridad que se le reflejaba en el rostro, tras ella se encontraba la señora Stuart, la cual parecía estarse escondiendo, me dirigí muy despacio y con mil ideas rondándome la cabeza hacia la puerta y la abrí, intente poner voz amable pero lo cierto es que no recordaba el sonido de esta.
- Si, ¿en que puedo ayudarles? -mi voz sonaba bastante ronca.
-¿Eres Katherina Roberts?  -pregunto la mujer con voz tranquilizadora.
- Si, soy yo ¿Por qué lo pregunta?
- Hola Katherina somos de asuntos sociales, nos han dado el aviso de que es posible que tu madre se haya marchado de casa y te haya….abandonado -esto último lo dijo con tono penoso.
-¿Es eso cierto Katherina?, si es así debes decirnos la verdad. -comento el hombre, que aun parecía nervioso.
No sabia como explicarles lo ocurrido, así que asentí levemente con la cabeza y fije la mirada en mi vecina la cual parecía avergonzada pero que al final se decidió a hablar.
- Es por tu bien niña, dulce Katherina debes dejar atrás tus sufrimientos, talvez esta sea una forma de lograr la felicidad, lo siento, lo siento mucho de veras, pero es lo mejor.
Y se marcho con los ojos llenos de lágrimas, ¿Por qué una mujer que apenas conocía lloraba por mí? Es algo que no entendía, seguidamente la pareja se presento.
- Soy Maggie y este es mi compañero James –apuntó la mujer con amabilidad.
- Encantada -dije con desgana.
-Katherina debes acompañarnos, vendrás con nosotros y te llevaremos a un lugar…mejor -afirmó mirando hacia mi vieja casa la cual parecía mas bien estar en ruinas- Recoge tus cosas, mientras nosotros tomamos anotaciones, por favor –me indico.
Asentí y entre en la casa, subí las escaleras corriendo hasta llegar a mi cuarto, bajo la cama tenia una pequeña maleta aquella que traje cuando nos mudamos aquí, era muy pequeña pero aun así suficiente, abrí el armario y cogí la poca ropa que tenia, tres vaqueros desgastados y de color oscuro, dos camisetas de manga corta y cuatro de manga larga, después me acerque a la mesita de noche donde guardaba mi ropa interior y la metí en la maleta que aun que era pequeña quedaba sitio de sobra, cogí el único abrigo que tenia y la maleta me sitúe bajo el marco de la puerta y di un ultimo vistazo a aquella habitación, esa que había sido la pira del sufrimiento que me causaban mis pesadillas albergando la esperanza de que estas se quedaran allí en ese pequeño espacio y que no me siguieras allá a donde fuese, baje las escaleras lentamente escuchando como discutían los trabajadores sociales por el aspecto deplorable del sitio, se decían cosas el uno al otro pero sin oírse.
- Pero esto puede ser, como alguien puede vivir en estas condiciones, es inhumano vivir en un sitio así -comento ella indignada.
- A saber lo que ha tenido que soportar la pobre chica -explico él.
No se habían percatado de mi presencia, ya que no salían de su asombro, entonces me aclare la garganta.
- Ya estoy, cuando quieran podemos marcharnos.
- Ah, Katherina ¿ya estas lista? Pensamos que tardarías un poco más -comento Maggie un poco sorprendida de mi rapidez.
- La verdad, no hay mucho que empaquetar –le explique encogiéndome de hombros.
- De acuerdo entonces, vámonos.
Me fije en que era ella la que siempre hablaba, él casi nunca soltaba palabra pero para ser sinceros me daba igual, ya que lo único que deseaba era olvidar el motivo de mi sufrimiento.
- Si, vamos.
Y salí por la puerta, la cual mire con lastima ya que esa seria la ultima vez que la cruzaría, empecé a caminar y ellos detrás de mi, rápidamente me adelantaron de camino al coche, de repente frene en seco y me acorde del dinero así que me di la vuelta soltando la maleta y la chaqueta y eche a correr hacia la casa de nuevo, ellos debieron interpretarlo como otra cosa.
- ¡NO! –grito Maggie- ¡Katherina, vuelve!
Me gire para ver su expresión, ella estaba compungida y quise tranquilizarla.
- Simplemente he olvidado algo muy importante y voy a cogerlo ¿puedo?
Su expresión se recompuso instantáneamente y dijo entre dientes.
- Si claro que puedes pequeña, disculpa.
Y se metió en el coche, me gire nuevamente y fui directamente al cajón de la cocina donde estaba el dinero, lo cogí y sopese donde llevarlo, lo mejor era en los bolsillos de los vaqueros así que lo metí todo en los traseros a modo que nadie se percatara de lo que llevaba y salí corriendo hacia el coche, el hombre james estaba junto a la puerta del conductor esperando por mi, agache la cabeza y me subí sin mirarle, el viaje fue muy tranquilo ya que nadie hablo salvo para preguntarme por mi estado de animo.
- ¿Como te encuentras Katherina? –me pregunto Maggie ahora mas tranquila.
- Bien, estoy bien –respondí con desgana por sus palabras.
Y eso era todo cuanto se decía en el coche.

16 de septiembre de 2011

Prologo


Seguramente yo hubiese sido una chica normal como otra cualquiera, de no haber sido por aquello talvez seria una insignificante persona más en el mundo, pero ¿como puede ser alguien normal cuando el mayor de sus temores radica en algo tan simple como pueden ser sus propios sueños?
O mejor dicho sus
Peores pesadillas…